En mayo de 1941 la Kriegsmarine envió a la guerra a su bestia más poderosa. El Bismarck era el acorazado más grande, más rápido, y más temible de su tiempo. Gigantesco entre los grandes, zarpó desde Gotenhafen hacía el Mar Báltico, para atravesar los estrechos entre Noruega y Dinamarca hacía el Atlántico. Sería su única misión, y duraría solo nueve días.
A bordo iban más de 2000 hombres y un gato negro con bigotes blancos. Llegó acompañando a un tripulante cuyo nombre se ha perdido bajo las olas del Atlántico. Llevaba un collar con placa donde ponía su nombre, Oskar.
La Royal Navy los enfrentó en el estrecho de Dinamarca, pero el Bismarck hundió al Hood con un cañonazo que entró directo en la santabarbara. Enfurecido, Churchill gritó "Hundid al Bismarck!", antes de que alcanzara los puertos de la Francia ocupada.
Los aviones británicos lo encontraron navegando en el Atlántico norte, y torpedearon el buque hasta conseguir dañarle las hélices. Imposibilitado de fijar rumbo, quedó a merced de la Royal Navy. Bombardeado hasta el límite, se hundió cuando estallaron las cargas de autodestrucción. Y solo 115 de sus marineros fueron rescatados de entre las olas.
Aferrado a un madero a la deriva, Oskar fue el rescatado 116. Los marineros del HMS Cossack lo llevaron consigo, y lo llamaron Sam, que en aquellos días sonaba más británico. Durante los siguientes meses vivió en el buque, que ahora escoltaba convoyes entre el Mediterráneo y el Atlántico norte.
Un submarino alemán los encontró al oeste de Gibraltar en octubre de 1941, y torpedeó el buque hasta dejarlo inservible. Sam fue llevado hacía la costa del peñón, mientras el Cossack se hundía con la proa destrozada. El portaaviones HMS Ark Royal recogió a Sam y lo llevó hacía Malta, en el corazón del Mediterráneo.
Dicen que en aquella ocasión surgió el apodo que lo haría famoso. Los marineros del Ark Royal ya lo llamaban "insumergible Sam", y lo llevaron consigo para proteger los convoyes del Mediterraneo.
En noviembre el U-81 los encontró navegando entre Malta y Gibraltar, y con un único torpedo dejó inútil al Ark Royal. Se hundió frente al peñón el 14 de noviembre de 1941, y el HMS Legión llevó a los sobrevivientes hasta las costas.
Sam fue rescatado de entre los restos, aferrado a una lancha salvavidas, "enojado pero ileso". Pasó una temporada refugiado en los edificios del Gobernador de Gibraltar, y meses después fue enviado a una casa de marinos retirados en Belfast. Sería el último viaje de su vida.
Se sabe que falleció en 1955, catorce años después de aquellos combates a los que asistió por casualidad y de los que sobrevivió inexplicablemente. Quizá al final de su vida ya había olvidado las explosiones, las muertes, el frío, el mar interminable que aguarda y calla.
Quedan algunas fotografía de Sam, que lo muestran serio y elegante frente a la cámara. Un discreto collar con una placa lo adorna. En otras algún marinero lo levanta y sonríe.
Presumiblemente después de la guerra, una pintora británica hizo un retrato de él que se conserva en el National Maritime Museum del Reino Unido. Sam aparece de espaldas, con las orejas alertas y los ojos fijos en el espectador. Su historia, como tantas otras, empezaba a ser olvidada.
Se dijo después que en realidad nunca existió, que es una mezcla de dos gatos distintos en diferentes lugares y diferentes fechas, o que incluso sus historias fueron un invento romántico enredado en las tragedias humanas de aquellos años. En las fotografía Oscar o Sam persiste, indiferente e ido, como una pregunta inacabada. ¿Quién fue en realidad? Y todo lo que sabemos de él está teñido por el desencanto de no tener respuesta.
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