TODAVÍA
UNA HABITACIÓN SENCILLA, CON UNOS POCOS MUEBLES MUY VIEJOS Y DESGASTADOS. EN EL CENTRO DE LA SALA HAY UNA CAMA, ADEMÁS DE MESAS DE LUZ Y SILLAS.
UN HOMBRE ANCIANO ENTRA CAMINANDO RÁPIDO, CON UN ABRIGO EN LA MANO. CAMINA HACIA LA CAMA TROPEZANDO LIGERAMENTE Y SE SIENTA EN UN EXTREMO, SACÁNDOSE LOS ABRIGOS. LO SIGUE UNA MUJER DE LA MISMA EDAD, ABRIGADA Y CON EXPRESIÓN DE INDIGNACIÓN.
ADÁN.- ¡Pero vieja! ¡Che! ¡No es para tanto!
EVA.- ¿Cómo “no es para tanto”? ¿Cómo no es para tanto? ¿Puede ser que alguna vez que salgamos no hagas un papelón?
ADÁN.- …
EVA.- ¡Te olvidaste el nombre de Mario, de Noé, de Camila! ¡De todos, che! estás hecho un zoquete…
ADÁN.- ¡No! No me olvidé nada. Estaba distraído nomás… A ver, decime. ¿Qué tienen de importante los nombres? Decime vos. Si igual los conozco a todos.
EVA.- Pero estabas ahí, esquivando los nombres. Inventando recursos para evitar quedar en evidencia. Al principio estaba bien, pero después parecía que lo hacías a propósito. ¡Que te burlabas!
ADÁN.- No es para tanto.
EVA.- Y no me digas que no se notaba. Camila se dio cuenta, y Noé también.
Me vino un calor…
ADÁN.- Bueno, pero igual no fue para tanto. Son cosas que pasan. Te va a pasar a vos también.
EVA.- Pero si yo soy mayor que vos y eso no me pasa…
ADÁN.- Todavía, todavía. Imaginate estar en mi lugar. Los ejercicios mentales que tuve que improvisar. A ver si salís tan bien como yo. ¡Tanto que te enojas ahora!
EVA.- ¿Cómo todavía?... Mirá si voy a pasar semejante vergüenza. Antes me voy… ¡Y me muero!
ADÁN.- Ay, pero que exagerada…
EVA.- En serio te digo. Por momento parecía que ibas a preguntarle el nombre a Noé.
ADÁN.- Lo pensé.
EVA.- Y Mario está tan canoso… ¿Cómo que lo pensaste?
ADÁN.- Y sí. No se me ocurrían más pronombres. Le iba a tener que preguntar.
EVA.- …
ADÁN.- Además no lo veo nunca. Estamos todos viejos. Tenía alguna justificación.
EVA.- Fueron al colegio juntos, Adán. Uno no se olvida los nombres de los compañeros de banco del colegio.
ADÁN.- ¡Bueno, pero yo sí! Y basta, che. Ahora resulta que uno no puede olvidarse un detalle.
EVA.- Qué vergüenza. Y eso que son tus amigos. Menos mal que a mí me ves todos los días, o te olvidas de mi cara también.
ADÁN.- No parás de exagerar. Yo me olvido nombres, pero vos estás hecha una escandalosa.
EVA.- Me preocupo nomás. Llega un día en que el viejo empieza a tartamudear y me preocupo. A ver si todavía es contagioso eso.
Yo vieja sí, boluda no.
ADÁN.- Bueno. Dormí en el sillón entonces.
EVA.- Acá el enfermo sos vos. Andate vos.
ADÁN.- Pero como vas a mandar a un enfermo a dormir incómodo en cualquier sitio. ¿Ves que no tenes corazón?
EVA.- (RISAS)
ADÁN.- ¡Oh, Señor! ¿Por qué me has abandonado?
EVA.- (EN FALSETE) ¡Por boludo!
ADÁN.- (TAMBIÉN EN FALSETE) Mirá quien habla.
EVA.- (REPENTINAMENTE SERIA) Ah, para eso si tenes la memoria ágil.
ADÁN.- Pero claro. ¿No te digo que tuve que hacer malabarismos toda la cena?
Estaba ahí… Solo… Con cada frase como un campo de batalla. Mirá que no soy poeta, pero casi…
EVA.- Y yo, sola… Ante tanta desolación intelectual. Viendo como repetías tartamudeos y pronombres cada cinco minutos.
ADÁN.- Era como un pintor frente a una tela blanca, como un caballero en la batalla…
EVA.- Como un maestro falso y treinta alumnos burros.
ADÁN.- …
EVA.- Por menos que eso, más de un viejo terminó en un asilo.
ADÁN.- Decime Eva. ¿Vos no te olvidas cosas también?
EVA.- No me acuerdo.
ADÁN.- ¿Cómo me llamo?
EVA.- Adán, creo.
ADÁN.- ¿Cuántos años tengo?
EVA.- Ochocientos.
ADÁN.- ¿Y vos?
EVA.- Quince. Aproximadamente.
ADÁN.- (EXAGERANDO) Acá empieza la decadencia.
EVA.- (TAMBIÉN EXAGERANDO) Y la voz de la experiencia dijo…
ADÁN.- Ay. Va ser una larga semana.
EVA.- No creo. A este paso no llegamos al martes.
ADÁN.- Qué bueno. Porque el miércoles hay que pagar la luz.
EVA.- Bueno, son estimaciones… Prendé la estufa.
ADÁN.- (CANTANDO. PRENDE LA ESTUFA)
EVA.- ¿Viste que murió el perro de los Rodríguez?
ADÁN.- No me cuentes esas cosas. Que después sueño que me voy a morir durmiendo.
EVA.- Y si pensás que te vas a morir, te morís antes. Te mata el miedo, antes de hora.
ADÁN.- ¿De dónde sacaste esa teoría?
EVA.- La leí…
ADÁN.- ¿En dónde?
EVA.- En un libro.
ADÁN.- ¿De qué autor?
EVA.- No lo conoces…
ADÁN.- ¿Cómo sabes eso?
EVA.- No te acordas. Seguro ya te olvidaste.
ADÁN.- Una vez soñé que me moría en el mar…
EVA.- Después de una tormenta…
ADÁN.- Me tirabas al mar.
EVA.- Y vos veías desde la cubierta como te hundías.
ADÁN.- ¿Vos pensas en la muerte, Eva?
EVA.- ¿En la muerte? ¿Por qué?
ADÁN.- Porque sos vieja, por ejemplo.
EVA.- Igual que vos. Y no hago tanto escándalo.
ADÁN.- Mirá si nos morimos y no nos damos cuenta.
EVA.- Hablá en singular, que yo estoy viva.
ADÁN.- Dijo el perro de los Rodríguez.
EVA.- Y habrá pensando en morirse a cada rato, como vos. Ahí tenes el resultado. ¿Para qué vas a pensar en la muerte?
ADÁN.- Curiosidad nomás. No me morí antes, me queda la posibilidad de morirme entre ahora y veinte años en el futuro.
EVA.- ¡¿Tanto vas a durar?!
ADÁN.- Bueno, perdón por tener ambiciones. Muero o vivo pero vos te quejas igual.
San Pedro se va a hacer sordo.
EVA.- ¿Desde cuándo tenes tanta preocupación por morirte? Tenes todo bien. El azúcar bien, el banco bien… ¿El testamento lo tenes bien vos?
ADÁN.- Mirá si te voy a contar…
EVA.- Dejame un 20%, por la paciencia…
ADÁN.- Dormite Eva. Callate un rato.
(SILENCIO. ADÁN SE DUERME.)
EVA.- ¿Vos sabes que una vez si soñé con la muerte?
Soñé que me moría y vos llorabas. Llorabas como un nenito…
Y yo estaba re muerta.
…
¿Vos llorarías si me muero?
…
FIN
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