martes, 18 de julio de 2017



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Existen dos fuerzas inconmensurables que abarcan la existencia total. Ambas son en sí mismas inefables y el lenguaje humano solo puede aproximarse a su descripción más fiel mediante un sinnúmero de adjetivos. La primera es el Silencio y la segunda son los Sonidos.

El Silencio no es sino la no existencia, la unicidad de la ausencia total e inabarcable. El silencio es la ausencia de sonidos, y como son las existencias las causantes de sonidos entonces el silencio es la ausencia de existencias. Todo ser que se manifiesta es nombrado, aún aquello que nombramos como la Nada, por lo que hasta la Nada misma es existencia. Pero en el Silencio la ausencia de existencias es total y absoluta. Tal es este vacío que ni siquiera se puede postular que existe el Silencio como entidad totalizadora, puesto que al ser silencio no produce sonidos ni de sí ni por sí mismo, y por tanto no existe. Dentro de él tampoco existen existencias parciales, distinguibles o individuales, puesto que eso significaría la necesidad de sonido y con esto dejaría de formar parte del Silencio para pasar a la segunda fuerza.

La segunda de las fuerzas son los Sonidos. Y al ser todos ellos sonidos individuales es justo referirlos en plural, pero es innegable que aun cuando existen de modo autónomo todos ellos son iguales desde el momento en que son simplemente sonidos. Esto los unifica. Cada ser que existe profiere un sonido particular, un sonido que deviene de sí mismo en tanto existencia, al margen de los sonidos que profiera por sí mismo y a través de las acciones de su cuerpo físico. Ese primer y único sonido individual es el sonido que define su existencia dentro de la segunda fuerza y que lo hace existir aparte de la primera fuerza; esto es, el Silencio. En algunos seres este sonido es evidente y audible de forma clara, (dichoso quien ha podido comprobar el surgimiento de un nuevo sonido y con ello de una nueva existencia), mientras que en otros individuos el sonido es inidentificable y un misterio. Aún así, es erróneo atribuir a ese segundo tipo de sujetos un sonido por sí mismos: la roca no existe porque se la nombra roca, sino por un sonido particular de ella misma que le da identidad y con esto existencia propia. Que no se puede identificar, aislar, percibir claramente ese sonido no niega su existencia, puesto que la roca existe y eso es prueba suficiente. Los Sonidos son únicos en cada uno por sí mismo, y el hecho de que seres aislados se parezcan a otros seres solo se debe a la semejanza de sus sonidos originales.

La existencia viene del sonido. Cuando solo existía la primera fuerza no existía aún una existencia como la que se manifiesta luego, puesto que aún no había sido ese sonido. Solo con el sonido surge la existencia y con ella la segunda fuerza se manifiesta. Aún cuando la primera fuerza fuese total e inabarcable en términos humanos, como en realidad no existe eso no impide que pueda surgir una existencia puesto que de así serlo no surgirá desde el Silencio o en el Silencio. Si no mediara el hecho de que la primera fuerza es la no existencia, incluso de sí misma, se podría considerar que la existencia surge interviniendo en la primera fuerza. Pero como vimos que el Silencio es inexistente en sí mismo por sí mismo, entonces la existencia surge en un espacio donde no hay nada. Esto plantea el problema del surgimiento de la segunda fuerza.

Con la existencia vienen dadas el espacio, la medida, el tiempo, lo cuantificable y lo cualificable. Todo ello aplicable a lo existente y no al Silencio. Con la existencia surge el mundo; y surge a partir del sonido. Puesto que lo contrario al mundo es absolutamente intangible, insensible, inaprehensible; cada existencia en su inicio fue apenas tangible, apenas sensible y apenas aprehensible: todas ellas cualidades de un sonido. Nadie ha podido tocar un sonido, así como nadie le ha encontrado cualidades similares a la materia tangible de forma corpórea. Pero sin embargo el sonido existe, y esto lo distingue de la primera fuerza. Por esto decimos que el sonido fue lo primero de toda existencia.

Si bien el Silencio y los Sonidos son evidentemente opuestos, ambos son colocados aquí como fuerzas de igual grado. Esto es debido a que ambos comparten dos rasgos fundamentales. El primer rasgo es su existencia totalizadora e inabarcable. Ya explicamos como el Silencio no existe en si por sí mismo, pero no podemos negar que existe por causa de la no existencia de la existencia. Como los Sonidos surgen, debe existir una no-existencia anterior a los Sonidos; esto es la primera fuerza: el Silencio. Primera fuerza que vuelve a presentarse cuando los Sonidos se extinguen y dejan de existir, por lo cual se vuelve a la primera fuerza. 

Esto demuestra un segundo aspecto, fundamental para la existencia general de la segunda fuerza: ningún sonido abarca a todos, ni siquiera el primer sonido en caso de haberlo habido. Cada sonido tiene existencia individual y, aunque puedan generar otros sonidos desde sí mismos que pueden cobrar entidad autónoma desde el sonido primo del cual desciende, no por ello pueden abarcarlos en sí mismos a todos aquellos sonidos creados nuevos. Esta imposibilidad se demuestra en que al extinguirse el sonido original sus descendientes no se extinguen sino que pueden perpetuarse por un tiempo propio e individual, tal como su existencia. Por esto es que los Sonidos es una fuerza pluralista, contra el monismo de la primera fuerza.

La primera fuerza es monista, dado que es única e indivisible, y que no existen diferentes tipos de silencios. La segunda fuerza es pluralista, puesto que muchos son los sonidos. Esto se demuestra desde el hecho de que aunque existan muchas existencias, todas ellas y cada una lo hacen de un modo particular y único, con reglas y modos propios. Por esto hablamos del único Silencio y de los muchos Sonidos.

Tanto Silencio como Sonidos son eternos. No existieron independientes ni solitarios ni existirán de cualquiera de estas dos formas en un futuro. Esto no significa que nuestro mundo, tal como lo conocemos es eterno, puesto que como sonido original que es también es finito. Ambas fuerzas coexisten necesariamente y no pueden no coexistir, puesto que Silencio solo es una no-existencia y eso es absurdo, mientras que los Sonidos por sí solos sería imposible si no surgieran contra el vacío que justifica su existencia. Es decir, el sonido necesita del vacío del silencio para identificarse como tal. Si uno de los dos no existiera el otro no existiría y eso es evidentemente un absurdo imposible. Además, los Sonidos, pese a su existencia individualmente finita, como fuerza son infinitos en sentido de duración y de existencia. Su existencia está asegurada por la existencia del Silencio, que necesita del sonido para existir como ausencia, de lo contrario solo existiría la inexistencia y eso es un absurdo.

Cada sonido al surgir es manifestación de la segunda fuerza, es existencia. Toda existencia es material, aun las formas de existencia que más inmateriales se nos presentan. De no ser material, pertenecerían a la primera fuerza y esto es un contrasentido. Aun los sonidos son materiales, puesto que cada uno de ellos afecta de modo inevitable a la materia. Es sabido que los sonidos se propagan en el aire, el agua, a través de los objetos. Por esto es inevitable afirmar que los sonidos son materiales, sensibles, empíricos. 

Cada sonido es inevitable que se produzca. Surgen necesariamente de la segunda fuerza como su manifestación inmediata. Esto se debe a que de no ser así, toda la segunda fuerza sería igual a la primera en el sentido de presentarse como una existencia total, inabarcable y totalizante; pero sin manifestaciones internas distinguibles y aislables como en la realidad sucede. El hecho inevitable y evidente de que exista el mundo es prueba de esto.

El silencio es inevitable que exista como primera fuerza, dado que cada sonido llega a su fin. El fin de cada sonido es individual y aislado, aún cuando puede producirse acompañado en número de la extinción de otros sonidos similares o diferentes. Al ser este fin individual y propio, demuestra la múltiple e infinita división interna de la segunda fuerza. El silencio entonces es donde se disuelve la existencia de cada sonido y donde deja de ser, tanto como existencia como segunda fuerza. Allí donde la segunda fuerza se agota recupera la primera fuerza su imperio. Esto se debe a que si bien cada sonido se corporiza en un objeto material, su esencia misma sigue siendo un sonido que dura en el tiempo hasta agotarse y extinguirse. Cuando esto sucede, la base de la existencia se pierde y el silencio vuelve a imponerse inevitablemente.  Ambas fuerzas deben existir para que esto se produzca.

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